Simplemente por el peso específico intangible del Estado ucraniano, el devenir de las circunstancias que actualmente se desenvuelven en aquel país debería ameritar la atención de la multiplicidad de actores vigentes en el Sistema Internacional.

Hoy se nos presenta una verdadera encrucijada respecto a los cursos de acción que los actores pertinentes podrían encarar. El resultado de este juego de ajedrez no se verá en lo inmediato pero en las próximas semanas se evidenciarán los verdaderos roles que se cumplen. Es decir, el Sistema Internacional podría dar luz y poner de manifiesto quién es quién en el tablero finalmente. Desde lo inmediato la Unión Europea (Berlín para ser más exactos) y Rusia son los dos grandes agentes que procuran resolver la crisis desatada en Ucrania. Para sincerarnos desde lo práctico, Ucrania no ha alcanzado una soberanía tal por la cual nos permita hablar de otra cosa que de un anexo más en el desarrollo de la política exterior rusa. Ucrania es y ha sido hasta este momento una Puerta, y no mucho más que eso.

 

Los medios nos han planteado la crisis como una verdadera asonada del pueblo sobre su presidente, Victor Yakunóvich. Eso es reducir a Ucrania, el Estado Nación, a una fracción de la misma. Ucrania es mucho más que la plaza Maidán. Todo el oriente ucraniano tiene algo para decir y su voz no es replicada. Eso también habla de la proyección de poder existente entre un bando y otro. Rusia deberá mostrar su capacidad de Voz en un escenario en el que su poder de Veto es tan importante. Con los juegos olímpicos invernales de Sochi, Putin y Rusia dieron un gran paso para alejar fantasmas, como el terrorismo y con ello el poder de cohesión, y para exponer al mundo la escuela de San Petersburgo, una ciudad sumamente significativa para la historia de Europa. Ucrania es el siguiente paso para reafirmar esa dirección.

 

Rusia cuenta con un recurso sumamente valioso como es Crimea, una carta con la que puede especular y hacer especular. Crimea, y su virtual (o no tanto) autonomía representan un interrogante mayúsculo para la región porque abre cuestionamientos significativos que remiten necesariamente a Georgia y a un escenario poco deseable. Ucrania no es Georgia, su proyección al este la imbuye de un  carácter trascendental sobre el continente europeo y la cotiza en alza respecto a los costos existentes. Pero Rusia sabe que necesita de la unidad del estado ucraniano y de sus recursos; necesita esa puerta entera.

El desafío ruso es lograr una cohesión al interior de la comunidad ucraniana desactivando los intereses de Svoboda (el partido de ultraderecha y ultranacionalista). Es un actor de suma 0 y el escenario ruso en Ucrania es de construcción. Svoboda es la solución misma al problema. Sus enconados ataques racistas y antisemitas lo perfilan y caracterizan sin esfuerzo alguno y es ahí donde debe Rusia enfocar sus plumas con la comunidad internacional. Por supuesto que Rusia tiene otros recursos y ya los implementa: movimientos de tropas disfrazados de ejercicios, suspensión de promesas financieras, suspensión de recursos ucranianos en la estructura de defensa rusa, comportamientos de los agentes financieros rusos radicados en Ucrania, etc. En definitiva, el problema central de Ucrania es que no ES. Desde su “última” independencia, este Estado Nación no ha logrado consolidar una identidad nacional ni una dirección que le permita aumentar su margen de maniobra entre los dos colosos con los que avecina y esta falta de dirección los debilita continuamente porque se estable como una fuerza centrífuga. Y la consolidación de espacios políticos radicales es tanto causa como consecuencia del mismo. 

Desde la teoría, hay algunos autores que nos pueden ayudar a visualizar la situación con nueva luz. Randall Schweller nos permite enfocar nuestra atención sobre el Equilibrio de Intereses (un enfoque neorrealista crítico). Sostiene que el sistema internacional se caracteriza por la competición posicional de escasez entre los Estados; siendo bienes posicionales el prestigio, el status, la influencia, el liderazgo; configurando el sistema entre Estados conservadores y revisionistas reafirmando al sistema en un juego de suma 0. Christensen y Snyder son otros autores cuyo aporte crítico al neorrealismo nos ayudan. Ellos reflexionan el papel de las percepciones como atributo de menester importancia, lejos de la consideración residual de Waltz (padre del neorrealismo). Y las percepciones en pugna de los gobernantes (y de la opinión pública) en el escenario ucraniano es crucial.

La crisis en Ucrania muestra muchas facetas de confrontación, una de ellas es el escape de la nación ucraniana del fantasma soviético; bajo ese paraguas es que se desarrolla la relación con Rusia. Y en esa relación se juegan todos los componentes de bienes posicionales de Schweller. En el curso por la victoria diplomática han de presentarse todas estas cartas y de forma correcta. Liderazgo e Influencia deben reconquistar Prestigio y Status. Radicará en el ejercicio y habilidad de estadista de Putin la consolidación de su figura, un Liderazgo por demás demostrado, para re extender la Influencia del pensamiento ruso sobre la región en cuestión. Una región en la que, en números, juega de local. Pero sobre todo, para reinstalar el Prestigio y el Status ruso sobre competidores naturales como China, y naturalmente los Estados Unidos. Es definitivamente un juego de suma 0 en el que ceder es debilidad.  Rusia desde la llegada de Putin se ha establecido como un estado revisionista al status quo planteado por el poscomunismo (superando la transición deficiente de Yeltsin). Ese revisionismo se pone en juego una vez más aquí alimentando la paradoja sistémica poniendo a Rusia como el estado conservador.

En la variable percepción encontramos el otro lado de la moneda. Una variable tripartita y en constante desarrollo: a) la percepción regional sobre el accionar ruso; b) la percepción de las potencias; y  c) la percepción doméstica. Los cursos de acción que se desarrollen mostrarán el peso y la constitución de los bienes posicionales anteriormente manifestados. Así, se podrá esclarecer en los ejercicios de buck passing o chain ganging la verdadera dimensión de poder. En el primer caso significaría una muestra de firmeza y una victoria rusa sobre los intereses contrarios puesto que “dejarían correr” el problema hacia otros actores por incapacidad de afrontar las consecuencias, siendo los mismos los países vecinos (como Moldavia) que no pueden proyectar margen de maniobra, las potencias que eligen no inmiscuirse y la oposición doméstica que no puede disminuir el liderazgo de Putin.  El chain ganging (consolidación de alianzas) evidenciaría lo contrario; pero eso significaría un tablero aun más complicado.

 

Bibliografía:

  • Randall Schweller. "Bandwagoning for Profit: Bringing the Revisionist State Back in", International Security (1994)
  • Randall Schweller. "Tripolarity and the Second World War", International Studies Quarterly (1993) 
  • Thomas J. Christensen y Jack Snyder. “Chain gangs and Passed Bucks: predicting Alliance Patterns in Multipolarity, International Organization. Vol 44, No 2 (1990)