El pasado 14 de marzo  Vladimir Putin realizó el anuncio de una retirada de tropas rusas del suelo sirio tras “haber logrado los objetivos generales”.

 Esta retirada es parcial ya que quedaron todavía elementos críticos y necesarios para monitorear el conflicto y consolidar su posición como actor necesario y participe del fenómeno. En otras palabras, los elementos necesarios para permitir un reingreso veloz cuando sea necesario sosteniendo sus posiciones en el puerto de Tartus y en la base aérea de Hmeymim además de los cruciales sistema de defensa S-400. Esta retirada de Rusia ha abierto muchos interrogantes puesto que estamos acostumbrados a salidas menos honrosas y claramente cargadas de dificultades para aquellos países presentes en este tipo de conflictos. Ello de por sí, constituye el más claro mensaje al mundo que Rusia ha dado. Una retirada decorosa, indemne.

La sola presencia de Rusia en suelo sirio se había manifestado como un acto sorprendente en el marco de un sistema internacional en el que las intervenciones en suelo extranjero eran una característica norteamericana; pero fundamentalmente era una señal de capacidad de referato sobre los conflictos internacionales.  Una monopolización de la palabra determinante (con menores excepciones, pero rutilantes al fin y al cabo,  como la intervención francesa en Mali).

 Los objetivos generales de los que habla Putin son los primeros en despertar cuestionamientos. Desde Occidente (y analistas rusos críticos de Putin) se refieren a ellos como: a) sostener a Bashar Al Assad en el poder; mientras que desde Rusia se indica que lo que se defiende es b) la integridad soberana Siria. Que son dos cosas completamente distintas y cuyas consecuencias lo son también.  Sostener a Al Assad significaría sostener un gobernante autoritario y dictatorial para conservar los intereses rusos (geopolíticos y económicos); mientras que sostener la integridad soberana significa conservar el statu quo regional y protegerlo de una desestabilización crítica. Es una aproximación sistémica del fenómeno; mucho más profunda y significativa. Lo importante es que el Estado sirio exista.  Otro objetivo general, y que ha constituido una victoria rusa, es haber logrado retener cualquier aspiración norteamericana de hacerse presente en el terreno lo que hubiera permitido un escenario bicéfalo y completamente perjudicial para la cohesión y la integridad territorial. Lo que sí plantea un problema es la capacidad que tenga Rusia de abordar la inflexibilidad que pudiera demostrar Al Assad en un futuro. Rusia ya ha dado muestras de que el gobierno de Assad puede ser reemplazado para asegurar la región y ha recomendado en varias oportunidades al gobernante sirio sobre la liberación de presos políticos y  la necesidad de realizar una transición política pactada por las partes legítimas y sólo después de tal arreglo. Pero Rusia también ha sostenido que no formará parte de decisiones soberanas sirias. En última instancia, esa decisión le cabe al pueblo sirio.

Es cierto también que Rusia ha sostenido ataques sobre grupos no referenciados como Isis o Al Nusra; estos últimos por todos reconocidos como ilegítimos actores políticos. En otras palabras, ha ayudado a avanzar al régimen de Al Assad sobre territorios en los que sus opositores políticos con participación armada se habían consolidado. Esto podría interpretarse más que como una ayuda a Al Assad, como una reafirmación de la representatividad iraní en la mesa de negociaciones puesto que Al Assad es su interlocutor y la pérdida de poder también significaría la necesidad de Irán de fortalecer sus posiciones, algo que ni Moscú ni Washington quieren. Después de todo, tantos años de guerra sin una  intervención militar norteamericana dicen algo. El equilibrio regional es clave para apaciguar las motivaciones iraníes, saudíes, iraquíes y turcas.

La salida rusa es un claro mensaje; pero el problema es descifrar qué dice y a quién. Personalmente creo que el principal receptor es doméstico. Es un mensaje tanto para la comunidad rusa como para sus adversarios políticos. Es un triunfo en términos políticos porque ha demostrado que a) La situación nunca se perdió de control; b) Rusia una vez más es un actor decisivo en la estructura del sistema internacional restaurando el honor perdido tras el colapso de la era Yeltsin; c)  Ha plantado cara a los Estados Unidos como un igual desnudando las falencias del tutor internacional; d) Ha probado que “salió” cuando quiso y no cuando se pudo evidenciando el fracaso norteamericano en sus misiones en Irak y Afganistán; e) Es un éxito de la diplomacia rusa y su canciller Lavrov; f) Ha desviado de la agenda cualquier injerencia rusa sobre el conflicto en Ucrania, un conflicto que ha debilitado al gobierno de Poroshenko y que no ha presentado grandes cambios respecto a la relación con el Dombass y fundamentalmente: Crimea sigue siendo Rusia.

En segundo plano queda el mensaje para el resto del mundo en dos vías: A) La comercial: para Estados Unidos y para todos los países del mundo que han observado la eficiencia del armamento ruso. Rusia es un excelente mercado de armas, sino el mejor, y su complejo armamentístico no tiene nada que envidiarle al del tutor del sistema internacional. B) La política: 1. Frente al avance retórico de la Unión Europea que vinculaba el desastre migratorio con la participación rusa en territorio ruso (una tesis indefendible). 2. Es un mensaje para Turquía: Su participación no es enteramente propia, cualquier avance sobre las decisiones rusas deberá aceptar el permiso de sus hermanos mayores. No puede guerrear con Rusia sin la aprobación de otros;  3. Para sus aliados Irán y China: Irán se encuentra ahora en una posición de confusa ambigüedad puesto que queda al alcance de materializar objetivos geopolíticos ante la “ausencia” rusa pero inalcanzables sin su presencia. Y ante China, porque antes que cualquier cosa, sigue siendo el principal adversario regional por más buenas relaciones alcanzadas. En términos sistémicos, Rusia sigue siendo el principal adversario al tutor internacional.  

En conclusión, y utilizando términos de la escuela realista clásica, Rusia ha maximizado su poder. Quedará para el resto de los actores decidir cómo leer el mensaje y bajo qué fundamentos teóricos se apoyaran sus ulteriores decisiones. Siria sigue siendo un tablero en el que los jugadores menores siguen siendo la clave del conflicto.