Durante la última década, en America Latina se ha dado el resurgir de regímenes presidenciales con un tinte altamente personalista. Desde La Venezuela Chavista, pasando por la Colombia de Uribe, la Bolivia de Evo Morales y la Argentina de los Kirchner, la región ha tenido una tendencia hacia la formación de gobiernos donde la figura presidencial se ha erigido como opción superadora de las demás ofertas políticas, centralizando cada vez mas el poder en su figura. 

 

Este proceso de personalización de los sistemas políticos latinoamericanos fue lento y tuvo momentos donde la tendencia pareció empezar a cambiar beneficiando a la oposición. Sin embargo, estas turbulencias políticas no lograron generar una masa crítica de votantes suficiente como para revertir las tendencias hegemónicas de los gobernantes. Esto permitió la consolidación de los personalismos y la estructuración a lo largo de America Latina, salvo excepciones, de una red de gobiernos caracterizados por una figura central necesaria para la supuesta refundación del país.

Una de las características centrales y comunes del proceso de personalización de los regimenes en Latinoamérica se basó en la preexistencia de una gran crisis tanto económica como política anterior a su mandato que les otorgó la legitimidad al momento de realizar los cambios necesarios al asumir sus respectivos mandatos. También se debe notar que todos estos regímenes personalistas se caracterizan por querer generar una refundación real del país.

Sin importar la orientación política del mandatario en cuestión, el discurso de los líderes personalistas latinoamericanos se basa en pilares comunes. El primero es la revalorización de lo Nacional, como respuesta a las políticas liberales de la década del 90. Segundo, la impronta latinoamericanista. La regionalización de América latina ha permitido generar una estructura que si bien no es tenida como modelo de integración político-social de los países que la conforman sí permite un mayor acercamiento de las naciones. Esta regionalización no es propia de estos tipos de liderazgo sino que es herencia de gobiernos anteriores pero su desarrollo fue mantenido por éstos haciendo de las organizaciones regionales un estandarte propio. Y por ultimo, y común a todos los regímenes con tendencias hegemónicas, el mesianismo propio de cualquier gobierno personalista. La existencia de lo que llamo “Yo o el abismo” caracteriza bastante bien la configuración discursiva de estos mandatarios.

En mayor o menor medida podemos decir que la mayoría de estos nuevos personalismos latinoamericanos son hijos del primer experimento de este tipo que se dio en Latinoamérica, el Chavismo. Sin el Chavismo como articulador efectivo de políticas ni su sustento monetario la mayoría de los personalismos de la región hubiera sucumbido rápidamente o no habría logrado la difusión. Tanto los gobiernos afines, como los gobiernos contrarios a las políticas venezolanas se sustentan en la existencia de la Republica Bolivariana. Uribe con su concentración de poder acusando a Venezuela de dar refugio a las FARC y las tensiones que se dieron entre Colombia y Venezuela previo al periodo electoral, para luego resolver estas diferencias en el ámbito de las organización regionales demuestran efectivamente que el discurso y accionar de estos actores políticos se mantiene siempre cerca de la línea de conducta esperada por este tipo de gobiernos. Bolivia y Ecuador han recibido apoyo económico por parte de Venezuela así también como Argentina. A nivel discursivo estos países forman parte de un eje mediante el cual la asistencia mutua les permite mantener una cierta línea de accionar unificado y evitar ciertas crisis como en el caso en el cual Venezuela fue el principal comprador de bonos de deuda Argentina.

El problema que surge con estos personalismos es el de la sucesión. Problema que actualmente esta transitando Venezuela, con un líder que no supo o no quiso armar una línea sucesoria. Esto genera tensiones hacia adentro de los movimientos que conforman el gobierno Bolivariano. Este problema sucesorio puede ser resuelto de diferentes maneras ya sea la sucesión entre familiares, como es el caso Argentino con la asunción de Cristina Fernández como presidente o con el ascenso de una figura dentro del propio movimiento que teniendo la autorización del líder pueda encolumnar a los diversos sectores  que conforman el partido. Esta segunda opción es mas compleja ya que las tensiones internas del propio partido y movimiento generadas por la puja de poder pueden tomar años en resolverse y en ese interín estos gobiernos pueden perder la simpatía del pueblo perdiendo así el control que detentaban.

La pregunta que se debe hacer para Latinoamérica es si los personalismos Latinoamericanos podrán sobrevivir la caída de sus lideres o si lograrán reestructurarse de manera tal de poder ofrecer una opción nueva dentro del mismo. Y así también, uno debe preguntarse si la posible desaparición de una Venezuela Chavista, arrastraría tras de sí al resto de las figuras personalistas.