Pocas veces en la historia argentina se han visto marchas de la magnitud que tuvo la realizada ayer. Los cálculos estipulan alrededor de un millón de personas movilizadas a lo largo de toda la Capital y falta contabilizar las movilizaciones que se dieron en el Gran Buenos Aires y el interior del país.

 

La pregunta que uno debe plantearse versa sobre cuales son los motivos que llevan a movilizarse a esta cantidad de personas y si no existirían otros canales mas propicios para poder encausar sus demandas.

En primer lugar se debe entender que para que esta gran porción del electorado salga a protestar a la calle deben darse varias condiciones que en conjunto generen un clima propenso a la protesta. Para hacer este análisis nos basaremos en los 7 puntos que Robert Dahl plantea deben existir para que se pueda dar un sistema democrático y analizaremos punto a punto cuales son los motivos que sacaron a la gente a la calle.

Existencia de instituciones que controlen y hagan depender las políticas gubernamentales del voto y de otras expresiones de preferencias

Este punto en particular se encuentra bastante discutido durante este periodo en particular. Según los movimientos contrarios al Gobierno las instituciones se han convertido en fuentes de autorización directa a aquello girado por el Ejecutivo. Particularmente el accionar de ambas cámaras en el Congreso, tratando proyectos sin casi discusión en comisión y haciendo cambios mínimos en los proyectos que luego son vetados por parte del ejecutivo, refuerza esta teoría que plantea la oposición y refuerza la idea de reclamo. Por otro lado también se debe entender que muchas veces la oposición facilito este juego abandonando el recinto o no discutiendo en comisión los cambios que creían necesarios por el solo hecho que la mayoría impondría su voto. El problema no surgió solamente por el accionar del Poder Ejecutivo sobre el Legislativo sino por el intento de “democratizar” la justicia lo cual es visto por parte de la población como uno avance del poder político contra un poder que debe estar destinado a controlarlo.

La libertad de pensamiento y expresión; y Fuentes alternativas de información accesibles

Con respecto a este punto, la población entiende que los ataques a medios que no son afines al gobierno (no hablo solamente de los ataques contra el grupo clarín, sino también la obscena falta que se observa al no cumplir el fallo sobre publicidad oficial en la demanda planteada por la editorial Perfil) genera un ambiente donde la libertad de expresión se encuentra cercenada. Ya no se discute si aquello que plantean los medios o no es verídico (aunque cabe destacar que muchos medios tanto afines al oficialismo como afines a la oposición han tergiversado información a los efectos de servir a fines particulares), se debe entender que los grupos de medios son instituciones privadas que no tienen que velar por la seguridad o integridad de las personas y que tienen como objeto, mas allá de brindar información, la animosidad de lucro. Si ponemos a los servicios informativos a la altura de un servicio publico el mismo debería ser gestionado por gente electa democráticamente y que representen la totalidad de expresiones que se encuentran en la sociedad.

El derecho de sufragio activo y pasivo

El derecho a sufragio como institución se encuentra preservado, y no es parte de la demanda social que se observo y se ha observado, pero se debe destacar que los mecanismos de votación y el sistema electoral que se ve en la Argentina han caído en desuso. La existencia de listas sabanas y boletas electorales separadas por partido y candidato solo facilita la posibilidad de efectuar fraudes electorales, no es mi intención decir que esto se lleve o se haya llevado a cabo sino explicar que este sistema posee una falencia que en determinadas condiciones podría llegar a ser utilizada por gente que desea hacerlo, situación que podría ser evitada y despejaría de dudas cualquier elección dándole así una mayor claridad y reforzando el proceso electoral.

El derecho a competir por el apoyo electoral

Este tema en particular tiene repercusión en la modificación del código electoral. Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias obligan a alcanzar un piso mínimo de votos en las mismas para poder acceder a la elección. También estipula la desafiliación de un partido si no consigue un número tal de votos transcurridas 3 elecciones. Este proceso lo único que intenta es forzar una depuración de partidos políticos intentando generar un mercado de partidos. El derecho a asociación y la conformación de partidos es un derecho defendido en la constitución nacional y la ingerencia de cualquier ley que limite la presentación de un partido o candidatos a una elección general debería ser tomada como un ataque a la misma.

Elecciones periódicas libres y justas, que produzcan mandatos limitados

Para finalizar una de las tantas críticas que se escucho anoche en las protestas fue la de la negativa a una posible re-reelección de la Presidenta. Si bien el intento de modificación de la constitución no es un tema que hoy se encuentre en agenda parlamentaria o se haya tratado. Este tema genera cierto escozor en la sociedad que teme la eternizacion de una figura en torno al puesto de presidente. Esta posición que toma la gente no sale del imaginario colectivo sino que fue generada en torno a comentarios y notas que han dado diputados y senadores oficialistas y pusieron el tema sobre la mesa. Los mandatos limitados tienen una razón de ser, permiten la rotación de figuras políticas, la aparición de nuevos cuadros y generan mayores y mejores respuestas a las problemáticas que se plantean al momento de agotarse un modelo, tanto político como económico.

La libertad de asociación y organización

Este punto en particular es el generador en ultima instancia de las movilizaciones del 18 de abril y anteriores. Viendo que los demás puntos necesarios presentan falencias la gente prefiere tomar en sus manos las demandas que se plantean y no son contestadas. Así tomar la calle  es un llamado de atención no solo para el Gobierno sino para toda la clase política que necesita urgente salir del estancamiento y empezar a producir políticas eficientes que calmen las necesidades de la gente. De no ser así, las manifestaciones serán cada vez más grande y día a día adquirirán un tinte más antipolítico que puede ser muy peligroso para la supervivencia de una republica democrática.