Uno de los grandes problemas que surgen en la política argentina posterior a la vuelta de la democracia recae en la tendencia de los gobiernos que al momento de asumir plantean cambios pendulares en la estructura político-económica del país, llevando generalmente estas políticas a las antípodas del pensamiento anterior.

 

Cabe destacar que durante las transiciones democráticas que se han dado, tomaremos como referencia la transición Alfonsín-Menem; la Menem-De la Rua y la De la Rua- Duhalde/Kirchner, la situación económica y política del país al momento de realizarse la transición era de crisis. Con una situación complicada en el aspecto económico y un frente político que elección a elección fue atomizándose cada vez más, los gobiernos entrantes tenían, basándose en su legitimidad de origen, la posibilidad de introducir los cambios estructurales que consideraran necesarios a los efectos de sortear las crisis.

Generalmente la oposición no suele presentar trabas a estos cambios permitiendo así el desarmado íntegro del modelo anterior y su suplantación por un modelo nuevo bajo la promesa de solucionar los problemas que se suscitaban en base a la utilización de un modelo agotado.

La primera pregunta que tenemos que contestar es: ¿cuál es la causa por la cual en cada cambio de gobierno se observa un modelo económico político que ha llegado al agotamiento y comienza a fracturar la estructura social del momento? En este punto el análisis propio del sistema político económico no es tan necesario como sí el comportamiento del actor político que lo sustenta.

Al ser cada modelo económico político creación de la base política que detenta los cargos, los réditos por cualquier éxito que pueda tener este modelo recientemente implantado serán absorbidos por la misma. Aquí es donde surge el primer problema. Estos, así llamados modelos, no surgen como consenso de la clase política en su conjunto, sino como invención propia de un único partido y al ser así habilita que ante su fracaso el mismo sea atacado por la comunidad opositora en su conjunto sentando las bases para un nuevo cambio de paradigma.

Pero debe tenerse en cuenta no sólo la variable de la creación del paradigma por parte de un partido en particular sino la negativa del mismo a realizar modificaciones en momentos en los cuales este comienza a mostrar falencias en relación a la cotidianeidad.

Es lógico que ante una coyuntura internacional adversa como se ha dado en todos los declives de los paradigmas económicos los sistemas tengan que ajustar variables modificando su estructura debido a que los mismos surgen en base a variables económicas diferentes a las de la propia crisis. El problema surge cuando el ajuste de variables que se da por parte del partido gobernante sólo responde a la situación coyuntural y no platea estrategias a largo plazo. Estos arreglos son efectivos en una crisis de corta duración pero al extenderse en el tiempo los arreglos provisorios sólo  logran contener el declive por un periodo muy limitado de tiempo y de tener que mantenerlos sólo empeoran la situación en que se encuentra este paradigma.

La segunda pregunta a contestar es ¿por qué la negativa de los gobiernos a realizar los cambios necesarios al modelo económico político al momento de enfrentar una crisis? La respuesta a esta pregunta se encuentra formulada al momento de entender cómo se da la formulación del mismo. Por ser creación propia de un partido y por ser este el depositario de todos los beneficios del modelo, es muy difícil que al momento de crisis el mismo creador del paradigma pretenda realizar una modificación sustancial al mismo. Cualquier ataque contra el mismo será defendido por el núcleo duro de funcionarios bajo la justificación de intromisión de diferentes actores en ámbitos propios del ejecutivo. Diferente  seria con un paradigma planteado en base al consenso de la clase política en su conjunto. Si los beneficios fueran compartidos las culpas también lo serian y por consiguiente la movilización de los diferentes actores al momento del agotamiento sería mas pronta, buscando soluciones no solo cortoplacistas sino que permitan la sustentabilidad de un paradigma en el tiempo.

De ser así, los paradigmas no sufrirían quiebre violentos en situaciones de crisis sino que irían mutando conforme la coyuntura económica y política del mundo lo haga. Esto permitiría mayor adaptabilidad a las variables cambiantes, alivianando el resultado de las crisis que plantean el agotamiento y quiebre del paradigma anterior.

Pero ¿por qué el sistema de consenso para la actualización del paradigma no se observa? Justamente porque al generar un paradigma concensuado las culpas serían divididas entre el elenco político pero los beneficios serian mayormente usufructuados por el detentor real de poder. Esto es entendido por la clase política como “trabajar para el oficialismo siendo oposición”.

Esta postura presentada de esta forma habla claramente de una falta de altruismo por parte de los partidos políticos al momento de generar las condiciones que regirán las políticas económicas y políticas de un periodo determinado. El sistema de quiebres en la política argentina se plantea como el único generador de alternancias ya que dentro de un paradigma exitoso los gobiernos que se suceden tienden a ser del mismo color partidario pero al momento de caer el mismo se observan cambios de color en los detentores de poder.

Por último, debe plantearse si hoy en la Argentina están las condiciones dadas para que se observe la formulación de una paradigma concensuado entre los diversos actores. Creo que en este momento en particular la articulación de un paradigma consensuado es,  más que una posibilidad, una necesidad. De no plantearse esta opción los quiebres en torno al fracaso de un paradigma serán cada vez más violentos y la posibilidad de pasar estas crisis sin mayores saltos resultará cada vez más complicada.

Hoy, la sociedad en su mayoría reclama una dirección pactada por parte de las elites políticas que permita pensar no ya sólo en la coyuntura actual sino que siente las bases para un programa de gobierno que exceda colores partidarios y de ser posible también generaciones. La planificación de la conformación del estado no puede ser tomado por parte de un partido mas allá de poseer la continuidad que este pueda garantizar. La coordinación entre los actores pemitiría plantear reglas de juego estables y evitar excesos de manera tal que se pueda ofrecer, en cierta medida, u ámbito de juego que permita el desarrollo del conjunto y no solo de un sector determinado.