El 12 de junio vence el tiempo estipulado para la inscripción de alianzas partidarias para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias.

Con esto comenzará a definirse el nuevo panorama político de cara a las elecciones legislativas de mitad de término y brindará un panorama sobre lo que deberá enfrentar el oficialismo en las elecciones presidenciales de 2015.

Cabe destacar que durante este período electoral la conformación de listas para legisladores se da en torno a coaliciones y reagrupamientos de partidos con el objetivo de lograr frentes que permitan tener una mayor coherencia ideológica y generar una centralización de votos, dando así un escenario en el cual las opciones de elección se reducen y agrupan en base a pocos candidatos con mayores chances de hacer una mejor elección.

A diferencia de otras veces, la vocación frentista que se da dentro de los partidos opositores gira en torno al agrupamiento por afinidad ideológica. Esta situación particular para la política argentina permite en primera instancia la creación de dos grandes bloques que representarían tanto a la centro derecha como a la centro izquierda.

Esta circunstancia pone al gobierno en la encrucijada de tener que salir a pelear una elección a dos frentes, lo cual no es extraño a este período histórico en que se encuentra la Argentina. Hasta la fecha la solución planteada por parte del oficialismo fue la polarización de la política en términos Schmidtianos de amigo - enemigo reviviendo el clivaje filo-anti sobre el cual que se debate la política argentina desde sus inicios. Pero a diferencia de otras veces, la oposición ya no se encuentra  dispersa en un universo de partidos y sus figuras relevantes han encontrado un rumbo que les permitiría arrebatar al oficialismo al menos una de ambas cámaras.

Pero no todo es positivo en base a este agrupamiento opositor. La oposición, si realmente tiene vocación de poder, debe demostrar que detrás de esta conformación de alianzas electorales puede surgir una alianza de gobierno que permita trascender al periodo electoral y no fracturarse al momento de asumir las responsabilidades correspondientes.

Este punto en particular ha sido siempre un tema complejo en la política Argentina. Hasta el día de hoy todas las alianzas electorales al momento de tomar el poder se fracturaron y generaron desbalances importantes a nivel institucional que se reflejaron tanto a nivel político como a nivel social y económico.

Para que la oposición tenga una verdadera oportunidad de arrebatar alguna de las cámaras y convertirse en una alternativa válida de gobierno deberán pasar por diferentes pruebas que le muestren a la ciudadanía que existe otra opción real más allá del oficialismo.

En primer término, la alta dependencia de personalismos debe ser dejada de lado. También se debe entender que de estas alianzas debe surgir el germen de futuras coaliciones que, lejos de buscar alinearse con figuras destacadas, permitan reactivar las viejas y ya desgastadas instituciones partidarias, generando nuevos cuadros y creando una base de doctrinas que permita lograr una identificación de ciertos grupos con ciertas políticas, logrando así la identificación de una parte de la sociedad con un proyecto determinado.

En segundo lugar, la necesidad de tener un plan de gobierno que permita realizar los cambios necesarios en la política argentina dándole nuevamente lugar a las instituciones retornando a la concepción clásica republicana que respeta la decisión mayoritaria sin que estos signifique una avance sobre las minorías que se encuentran debidamente representadas y deben ser cuidadas de los avances de lo que Tocqueville llama, la tiranía de las mayorías.

Uno de los cambios más necesarios que tiene la política argentina es el de lograr desvincular a la persona del cargo, y esto plantea un desafío complejo. Los liderazgos con fuertes rasgos personalistas que, conforme avanzan sus gestiones, van acaparando cada vez más poder llegando a los extremos de casi detentar la suma del poder público,  han terminado siendo la causa de las reiteradas crisis políticas que se han suscitado en el país. Quizás para este problema la vocación frentista por afinidad ideológica permita vislumbrar una posible solución ya que, de mantenerse, necesitaría mecanismos internos que permitan la rotación de candidatos de los diferentes actores que conforman las coaliciones dando así aires nuevos al ambiente político evitando así la formación de liderazgos personalistas.

Con respecto a las primarias sólo queda dilucidar cómo se plantearán los partidos la organización interna de las alianzas y qué tan efectivas puedan ser éstas para lograr atraer al votante que no encuentra alternativas viables frente al dominio del oficialismo.