Después de la victoria arrolladora del Pro en las elecciones del domingo se abre una incógnita sobre el techo que tendría el candidato ganador del Pro, Horacio Rodríguez Larreta.

 

El desafío que se le presenta hoy al candidato del Pro, y al mismo Mauricio Macri, es lograr retener los votos que el Pro cosechó con Gabriela Michetti como candidata. El electorado porteño siempre se caracterizó por su pragmatismo, su capacidad de cambiar de corriente sin ningún tipo de miramiento más allá de su propia voluntad. El Pro sabe esto, y aunque repita que los votos de Michetti son del Pro, sabe que tiene por delante la ardua tarea de lograr retener esos votos y evitar que se atomicen en diferentes alternativas.

Los proyectos que presentó el Pro para su interna, mas allá del maquillaje que el partido les dio dando una imagen de unidad dentro de la diversidad de candidatos, distan mucho de ser el mismo. Cabe preguntarse si el votante de Michetti está dispuesto a llevar su voto a Rodríguez Larreta, si esa elección por otra fórmula fue solo celebrar una opción de liderazgo o si por el contrario hay una ruptura ideológica importante entre ambos candidatos.

Muchos políticos dentro del partido, tratarán de armas hipótesis sobre el voto cautivo del Pro y sobre un piso de votantes que ronda el 40% teniendo en cuenta las elecciones anteriores. Pero para este análisis desestiman una variable importante dentro de su razonamiento. Hoy Mauricio Macri no está, y las tensiones internas, dentro de un partido que se caracterizó por ser un satélite dentro de las voluntades del Jefe de Gobierno, podrían llegar a fracturarlo.

El elector porteño no es cautivo, no siente que debe su lealtad partidaria a nadie y votará siempre pensando en su beneficio, y esto hoy a Rodríguez Larreta le juega en contra. Le juega en contra porque retener el 20% de los votos que logró Michetti implica integrar a su proyecto a una parte del electorado que prefirió ignorar la voluntad de su jefe político y optar por una opción que claramente no tenía su beneplácito.

Michetti resultó ser una revolución dentro del propio esquema rígido y verticalista del Pro. Quiso darle un poco de aire fresco a una estructura que parecía empezar a anquilosarse. Pero como en todo sistema vertical, el peso propio de la política bastó para mostrarle que las voluntades individuales tienen que encajar en un proyecto más grande que lo que uno quiere para si mismo.

 

Creo en el fondo que el Pro perdió más de lo que ganó con esta interna que lo que puede haber ganado con ella. Michetti era una buena candidata que tiene un buen caudal de votos propios, perderla como consecuencia de esta interna haría que la victoria de Rodríguez Larreta sea pirrica.

El desafío hoy del Pro es evitar la migración de votos de Michetti a Lousteau que pareciera tener una mayor afinidad ideológica con el votante de Michetti que con el votante de Rodríguez Larreta.

Lousteau hoy se frota las manos. Logró alzarse como segunda fuerza y espera que muchos de los votantes disconformes con la designación de Rodríguez Larreta se vuelquen a su armado político, aumentando su caudal de votos para así forzar una segunda vuelta que le permita alzarse con la primera magistratura capitalina.

 

El armado de ECO, mostró que su opción era válida mas allá de las fracturas que tuvo este frente heredero en la capital de lo que fue UNEN. La pregunta es si este armado político está a la altura de las circunstancias y si saldrá a la calle a robar el voto Michettista, o si primará el acuerdo que llevan estos dos frentes a nivel nacional y será nada más que una campaña tranquila. ECO hoy es esclavo de algo mucho más grande que los excede, que es la apuesta de sus aliados a nivel nacional para las elecciones de octubre. Y es por esto que sus candidatos han tenido que hacer malabares explicando porque hoy es malo lo que en octubre será bueno. Una postura bastante complicada de adoptar pero que sus candidatos han logrado hasta hoy capitalizar y por eso mis felicitaciones a sus organizadores.

El día después de una victoria por avalancha, el Pro tendrá que salir a la calle, mostrando más unidad que nunca y deberá involucrar a Michetti activamente en la campaña si quiere retener esos votos. Un desafío interesante para un partido que ha sabido mantener su hegemonía en un distrito que históricamente ha sido cambiante al punto de ser casi pendular.