Durante los últimos días ha habido un ir y venir de versiones sobre un posible no inicio del ciclo lectivo a consecuencia del resultado de la paritaria nacional con un aumento menor al solicitado por lo gremios y  por las desavenencias que se han generado entre el gobierno de la Provincia de Buenos Aires y los gremios docentes que exigen un aumento del 30 por ciento en relación a los sueldos del año pasado.

Con la reciente victoria del presidente ecuatoriano Correa se ha puesto de manifiesto que lo que era tendencia hoy ya es pura y dura realidad. Esto es, Latinoamérica se ha constituido en el escenario de dos (o más) identidades. Con el advenimiento de los lideres populares (o populistas) de notoria afinidad con los discursos de izquierda, el subcontinente comenzaba a establecer una nueva línea divisoria postulando las distancias de una oligarquía febril con las grandes masas.

En los últimos días un conjunto de voces del oficialismo, han salido al ruedo a plantear la necesidad de un nuevo mandato de la Presidente. No debe sorprender lo temprano que estas voces anuncian esta hipotética candidatura ya que para hacer esto posible debe  mediar una reforma constitucional que autorice un tercer mandato.

Durante la última década, en America Latina se ha dado el resurgir de regímenes presidenciales con un tinte altamente personalista. Desde La Venezuela Chavista, pasando por la Colombia de Uribe, la Bolivia de Evo Morales y la Argentina de los Kirchner, la región ha tenido una tendencia hacia la formación de gobiernos donde la figura presidencial se ha erigido como opción superadora de las demás ofertas políticas, centralizando cada vez mas el poder en su figura. 

Con la mirada de los periódicos y noticieros puesta en la crisis Siria, un nuevo conflicto reflotó con crudeza en Malí del cual no teníamos noticias desde el año pasado con el golpe de Estado impulsado por el capitán del ejército Amadou Haya Sanogo. El presidente francés Hollande decidió la intervención del país africano en vistas de frenar el avance del islamismo fundamentalista.

No, no me refiero a una persona que por condición humana es capaz de dañar a un tercero. No; hablo del Hombre tomando a un grupo social como objeto capaz de infligir un daño.